En Instagram (IG) todxs quieren triunfar. Desde el activista más marginal, hasta el pastor evangélico, IG es una lucha constante por exhibir una vida entretenida, colorida, llena de viajes y aventuras, donde la comida no sólo es sabrosa, sino que también “hermosa”. IG no es un espacio para el fracaso y la decepción, tanto a nivel de contenido, como de estética.
Por eso, y durante 100 días, desde mi cuenta de IG me dediqué a compartir los “peores” momentos de mi existencia. Desde un café derramado, a mis encías sangrantes, pasando por una cucaracha o el cansancio.
Cotidiano.
Fragmentos de mi discurso no contado.
Visible a voluntad propia.
Yo el emisor, el medium, el receptor.
Desbordado hacia el margen.
Confrontación: no evasión.
Lo que no sirve,
se presenta.